martes, 9 de julio de 2013

Aroma.

Cuando los niños entran al salón el ambiente se impregna de un aroma a suavitel recién puestecito en la ropa. A medida que avanza el día el aroma cambia, huele por ejemplo a crayolas, a pintura, a gises. Mi hora favorita es la del almuerzo porque siempre huele a pan bimbo y a salchichas, a frutsis y a lechitas, las más de chocolate. Lo que más me gusta es que bailamos y corremos y por más que suden los niños nunca huelen a sudor, porque son niños. Al final del día el salón siempre huele a lo mismo, a que a los cinco años la vida se trata de otras cosas.